Reservistas y Rangers del ejército canadiense finalizaron el viernes en Churchill, Manitoba, una extenuante misión de dos meses, marcando el cierre de la patrulla ártica más grande en la historia de las Fuerzas Armadas de Canadá. La operación, que contó con 1.300 efectivos, cubrió 5.200 km a través de algunos de los entornos más inestables del planeta.
Los participantes navegaron en motos de nieve por la bahía de Hudson y remotas regiones del norte, enfrentándose a temperaturas de hasta -60 °C. La misión sirvió como un reconocimiento estratégico de un territorio que representa el 40% de la superficie de Canadá y el 70% de su costa, poniendo a prueba la capacidad militar para operar en condiciones de frío extremo.
Soberanía en un clima cambiante
El brigadier general Daniel Rivière, comandante de la fuerza de tarea, declaró que la misión fue diseñada para prepararse ante “el peor escenario posible”. Aunque señaló que incidentes en la región, como los sondeos militares rusos, no constituyen una amenaza inmediata, advirtió que las naciones rivales son cada vez más competentes en operaciones árticas.
El cambio climático ha introducido nuevas variables, creando tanto peligros como oportunidades. El teniente coronel Travis Hanes informó que un clima inusualmente cálido ha provocado el desbordamiento de ríos, generando hielo inestable, mientras que olas de frío récord han abierto nuevos corredores marítimos anteriormente intransitables.
Los miembros inuit de los Rangers canadienses fueron fundamentales para el éxito de la misión. Estos expertos locales guiaron el terreno, aportaron conocimientos tradicionales y compartieron alimentos de subsistencia, como caribú y trucha ártica, para mantener a las tropas durante el trayecto.
“Sin ellos habríamos fracasado”, afirmó Hanes. Los Rangers inuit actuaron como guías esenciales, asegurando que la patrulla pudiera atravesar el hielo de forma segura mientras vigilaban peligros que iban desde osos polares hasta terrenos traicioneros.
Barnie Aggark, un Ranger de Chesterfield Inlet, destacó la importancia cultural y nacional de la patrulla. “Tenemos que hacerle saber al resto del mundo que estamos aquí, que este es nuestro hogar y que vamos a protegerlo con todo lo que tenemos”, declaró Aggark.
La Operación Nanook-Nunalivut incluyó cooperación internacional, con observadores de Estados Unidos y el Reino Unido monitoreando el progreso desde un centro de mando en Edmonton. Soldados de Francia y Bélgica también participaron en ejercicios de buceo bajo hielo junto al personal canadiense. Estos esfuerzos señalan un compromiso con la defensa alineada a la OTAN en el Ártico, una región donde Rusia mantiene decenas de bases militares permanentes.