El Líbano se enfrenta a una crisis de seguridad alimentaria cada vez más profunda. Según un informe de France 24, el desplazamiento provocado por los conflictos y la interrupción de la actividad agrícola han empujado a 1,24 millones de personas a una situación de hambre aguda.
Anne Valand, subdirectora del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para el Líbano, advirtió que los niveles actuales de desnutrición son los más altos jamás registrados en el país.
Valand describió una crisis multidimensional en la que el desplazamiento, el mal funcionamiento de los mercados y la falta de financiación se alimentan entre sí. Señaló, además, que la destrucción de la capacidad agrícola pone al país en riesgo de aumentar su dependencia de las volátiles importaciones internacionales.
Impacto a largo plazo en la seguridad alimentaria
La crisis va más allá de la escasez inmediata de alimentos. Valand destacó la pérdida de estabilidad personal entre la población, afirmando que "la gente está arrancando sus vidas de raíz, perdiendo esencialmente sus hogares y sus bienes".
Más allá de la pérdida directa de propiedades, la interrupción de la agricultura local amenaza la capacidad de la nación para autosustentarse a largo plazo. El colapso de los mercados locales y la pérdida de la capacidad de producción agrícola crean un ciclo de dependencia de la ayuda exterior y de las importaciones.
Esta situación se ve agravada por la falta de fondos humanitarios suficientes para cubrir las crecientes necesidades de la población desplazada. La magnitud de la crisis de hambre refleja el impacto acumulativo de la inestabilidad regional persistente y el colapso económico.