La industria energética en México enfrenta un desafío estructural para alcanzar la meta de producir más de 9,000 MMpcd de gas, una cifra que requiere la perforación de 32,000 pozos en la próxima década. El modelo actual de Petróleos Mexicanos (Pemex) muestra una incapacidad operativa y financiera para cubrir la demanda de este proyecto de expansión.
Para lograr el objetivo, el país necesita una inversión anual de entre 36,000 y 45,000 millones de dólares. Actualmente, el presupuesto de exploración y producción de la petrolera estatal no supera los 10,000 millones de dólares, lo que obligaría a un incremento del 250% en sus recursos.
Escasez de equipos y limitaciones presupuestarias
La infraestructura disponible es insuficiente para el volumen de trabajo requerido. Pemex opera actualmente menos de 25 equipos de perforación de 1,200 a 1,500 HP, cuando la meta exige entre 100 y 120 unidades de este tipo. A nivel global, la disponibilidad de equipos para proyectos no convencionales es crítica, con apenas entre 30 y 40 unidades disponibles a corto plazo.
La capacidad de perforación de la empresa estatal también es limitada. Mientras el plan requiere un despliegue masivo, Pemex perfora menos de 200 pozos por año.
El panorama financiero para 2027 no ofrece señales de expansión. Los pre-criterios presupuestarios aprobados por la Cámara de Diputados no contemplan incrementos significativos para la petrolera, lo que restringe el desarrollo de la técnica de fractura hidráulica.
Ante este escenario, especialistas sugieren la apertura del mercado al sector privado. Argumentan que los contratos mixtos actuales no han resultado lo suficientemente atractivos para atraer el capital de empresas estadounidenses.
Aunque la tecnología ha evolucionado para mitigar riesgos ambientales, la implementación en México carece de las garantías necesarias. Los avances actuales permiten reducir el uso de agua entre un 50% y 80%, además de emplear químicos biodegradables y sistemas de aislamiento con acero y cemento para proteger los acuíferos.