Un pequeño sótano en el centro de Kiev se ha convertido en un refugio para soldados ucranianos, sus esposas y viudas que buscan procesar el trauma visceral de la guerra que atraviesa el país. El Teatro de Veteranos, fundado en 2024, funciona como un taller de cuatro meses donde los participantes transforman sus experiencias en el frente y sus pérdidas personales en producciones teatrales.
Una de las obras actuales, 'Veintiuno', narra la historia de Maryna, una refugiada de Crimea —territorio anexionado por Rusia— cuyo marido sirve en el frente. La obra combina el realismo mágico con la dura realidad de recaudar fondos para drones y armas mientras se espera alguna noticia de un ser querido. La actriz Kateryna Svyrydenko, quien interpreta el papel principal, afirma que la obra refleja la carga diaria que enfrentan muchas familias ucranianas.
“Hay de todo un poco; uno puede llorar, reír y reflexionar”, comenta Svyrydenko. Su propio marido desapareció en combate en 2022, y señala que el costo emocional para las familias que quedan atrás suele pasar desapercibido.
Convertir el dolor en representación
El teatro sirve como puente entre el frente de batalla y el frente interno. Los estudiantes trabajan con instructores profesionales para diseccionar sus vivencias, que van desde lesiones físicas y amputaciones hasta la tensión psicológica del cautiverio. La directora Kateryna Vyshneva subraya que el objetivo es documentar la guerra a través de los ojos de quienes la están viviendo.
“Debemos hablar de la guerra usando las palabras de sus participantes, a través de los ojos de quienes la sobrevivieron”, afirma Vyshneva. “Es importante documentar el aquí y el ahora mientras duele, mientras está caliente, mientras quema”.
Para muchos de los intérpretes, el escenario proporciona una forma de terapia. Oleksandr Tkachuk, un veterano y cineasta de 36 años que dirigió una obra anterior sobre un médico militar, describe este proceso como un “efecto secundario del arte”. Asegura que el acto de revivir el trauma sobre las tablas permite a los participantes desglosar sus experiencias y convertir los recuerdos intrusivos en memorias claras y serenas.
Las obras resuenan profundamente con el público, compuesto en gran medida por personas que han soportado dificultades similares. Durante las funciones, la frontera entre el escenario y la audiencia a menudo se disuelve, creando una catarsis colectiva. Vyshneva destaca que los espectadores suelen terminar respirando al unísono con los actores, compartiendo la esperanza común de un “final feliz” que, en la vida real, sigue siendo esquivo.
Mientras la guerra continúa, el teatro busca preservar estas historias para las generaciones futuras. Para las familias involucradas, el escenario ofrece un espacio poco común donde expresar su duelo y esperar a sus seres queridos en un entorno comunitario, incluso mientras el conflicto sigue marcando sus vidas.