La Unión Europea está considerando una propuesta para sustituir el actual tope de precios al petróleo ruso por una prohibición total de los servicios marítimos asociados a su transporte, como parte del vigésimo paquete de sanciones contra Rusia. La información fue revelada a Bloomberg por fuentes familiarizadas con las deliberaciones internas del bloque.
Si los estados miembros respaldan esta iniciativa, las empresas europeas tendrían vetado ofrecer servicios esenciales como el seguro y el transporte marítimo para el crudo ruso, eliminando así la excepción actual que permite el tránsito siempre que se respeten los límites de precio. Este cambio busca fortalecer la efectividad de las medidas punitivas ya implementadas.
Actualmente, el transporte marítimo de crudo ruso está permitido siempre que su precio de compra se mantenga por debajo del techo fijado, que desde el uno de febrero se estableció en 44,10 dólares por barril para el crudo. Este mecanismo de fijación de precios se revisa semestralmente y se diseña para estar un 15% por debajo del precio medio de mercado del crudo Urals.
Según las fuentes consultadas por el medio estadounidense, el paquete de sanciones propuesto iría más allá del sector energético. Se prevén nuevas restricciones comerciales dirigidas a incrementar la presión sobre la capacidad rusa de producir armamento, incluyendo la limitación de importaciones de ciertos metales rusos.
El impacto potencial de tal prohibición sobre los mercados globales es significativo, dada la dependencia histórica de Europa en el suministro energético ruso y el papel dominante de las aseguradoras y compañías navieras europeas en el sector. Un endurecimiento repentino podría generar volatilidad.
El contexto de estas discusiones se da mientras los precios del petróleo han mostrado una tendencia alcista durante tres días consecutivos, según reportes de Reuters. Esto ocurre después de periodos de fuerte corrección en los precios del crudo ruso, que llegaron a tocar mínimos no vistos desde el inicio de la pandemia.
La implementación de una prohibición total de servicios de transporte marítimo representaría un escalamiento considerable en la estrategia de sanciones de la UE, pasando de una limitación basada en precios a una restricción logística directa sobre la capacidad de Moscú para exportar su principal fuente de ingresos energéticos.