Un estudio publicado en la revista Developmental Science sugiere que la generosidad humana es un rasgo innato y no un comportamiento aprendido. Los investigadores descubrieron que los niños pequeños muestran niveles más altos de felicidad cuando dan premios a otros en comparación con cuando los reciben ellos mismos.
Los hallazgos aportan nuevas pruebas de que la cooperación humana está impulsada por un sistema de recompensa emocional natural. Esta respuesta interna, descrita a menudo por los psicólogos como una "sensación de calidez", parece estar presente desde las primeras etapas del desarrollo humano.
Las raíces de la generosidad humana
Los seres humanos comparten recursos frecuentemente tanto con amigos como con desconocidos, incluso cuando esa generosidad conlleva un coste personal. Durante mucho tiempo, los científicos han tratado de comprender el origen de estos comportamientos prosociales, que van desde pequeños actos de bondad hasta sacrificios significativos como la donación de órganos.
"Los seres humanos somos notablemente prosociales, y algunos individuos están dispuestos a compartir recursos incluso a costa de un sacrificio personal importante", afirmó el autor del estudio, Enda Tan, profesor adjunto de la Universidad de Victoria. "Por lo tanto, nos interesa mucho explorar los orígenes evolutivos y las fuerzas motivacionales que hay detrás de estos comportamientos de generosidad".
Investigaciones anteriores han indicado que ayudar a los demás desencadena un círculo virtuoso. Esta respuesta emocional anima a las personas a repetir acciones generosas en el futuro. Sin embargo, estudios previos sobre este tema a menudo contaban con muestras pequeñas, lo que dificultaba extraer conclusiones generales sobre el comportamiento de los niños pequeños.
Al examinar las reacciones emocionales de niños pequeños en un entorno controlado, el equipo de investigación buscó aclarar si esta "sensación de calidez" es un componente fundamental de la psicología humana. Los datos sugieren que la recompensa interna por compartir está presente mucho antes de que los niños sean socializados en las normas adultas del altruismo.
El estudio subraya que el impulso de cooperación podría estar integrado en la experiencia humana. Más que una habilidad que se enseña exclusivamente, la alegría de dar parece ser una parte intrínseca de cómo los seres humanos interactúan entre sí desde las etapas más tempranas de la vida.