Los cuatro astronautas a bordo de la nave espacial Orion alcanzaron este martes, a las 19:02, una distancia récord de 406.771 kilómetros respecto a la Tierra. Este hito sitúa a la tripulación 6.600 kilómetros más lejos en el espacio que el récord anterior, establecido por la misión Apolo 13 en 1970.
La misión constituye una prueba crucial para el programa Artemis, al validar los sistemas de soporte vital y navegación necesarios para los viajes al espacio profundo. Al garantizar la seguridad de la tripulación durante diez días, la NASA busca demostrar que el vehículo está listo para realizar descensos directos a la superficie lunar, dejando atrás la dependencia de estaciones orbitales de paso.
Del tránsito orbital a la habitabilidad
La NASA está reorientando su estrategia: abandona la propuesta de la estación "Lunar Gateway" en favor de un enfoque de acceso directo a la superficie denominado "Ignition". El objetivo actual de la agencia es establecer una base permanente en el polo sur lunar para el año 2030. Este cambio exige que sus socios internacionales, entre ellos la Agencia Espacial Europea y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, adapten su tecnología, pasando de módulos orbitales a infraestructura de superficie.
La energía sigue siendo el principal obstáculo para la habitabilidad a largo plazo. Dado que la energía solar no puede mantener las operaciones durante los 14 días que dura la noche lunar ni alimentar la maquinaria de extracción de hielo, la NASA está desarrollando un reactor de fisión nuclear para el lugar. Esta tecnología permitiría que la base lunar funcione como un centro industrial y no solo como un puesto científico temporal.
El actual impulso espacial refleja un cambio en las prioridades geopolíticas en comparación con la era de la Guerra Fría. Mientras que la década de 1960 estuvo marcada por una competencia binaria por el prestigio, la era moderna está impulsada por la carrera hacia la soberanía de recursos. China trabaja activamente para lograr su propio alunizaje para 2030 a través de su programa CLEP y está coordinando con Rusia, Pakistán y Sudáfrica la creación de una base internacional alternativa.
Los expertos señalan que esta transición marca una nueva era en la utilización del espacio. "Lo que antes parecía inalcanzable se está convirtiendo en un territorio de prueba, presencia y disputa", según colaboradores de la Universidad de Chile y la Fuerza Aérea de Chile. A medida que la misión avanza, la dependencia de socios del sector privado como SpaceX y Blue Origin pone de relieve cómo los intereses comerciales son ahora fundamentales para las estrategias espaciales nacionales.