El roquero Sebastian Bach expuso su fuerte escepticismo sobre la creciente integración de la inteligencia artificial (IA) y las pistas pregrabadas en los espectáculos musicales en vivo, durante una reciente entrevista. El artista chileno-estadounidense enfatizó que si los asistentes invierten dinero en un concierto, esperan recibir una experiencia genuina y no una simulación digital.
Durante una conversación con Elizabeth Zharoff en el canal de YouTube The Charismatic Voice, Bach abordó la práctica de incorporar coros o secciones vocales que no son interpretadas en tiempo real. Señaló que el truco se vuelve evidente cuando la ejecución vocal pasa de ser humana a sonar 'perfecta' justo en los estribillos, lo cual percibe como falta de honestidad escénica.
El músico también considera que depender de una pista de clic y una estructura rígida noche tras noche puede mecanizar la presentación, un riesgo significativo en géneros como el rock que valoran el elemento de caos controlado. Bach reconoció la presión que enfrentan otros artistas para adoptar estas tecnologías y simplificar sus rutinas, pero mantiene su postura de evitar tales atajos.
La postura del artista se radicalizó al discutir la IA generativa, declarando que "odia la I.A." como concepto fuera de su utilidad como herramienta básica. Su objeción se extiende a las imágenes sintéticas en redes sociales que simulan interacciones reales, afirmando que este contenido erosiona la confianza fundamental entre creador y audiencia.
Para Bach, la preferencia es clara: prefiere el desgaste y el riesgo inherente a la ejecución en vivo frente a la "perfección enlatada" que ofrecen las tecnologías de automatización. Esta convicción lo lleva a distanciarse de la tecnología, incluso admitiendo su falta de interés en aprender a utilizarla.
Su crítica resume un dilema cultural más amplio sobre qué constituye autenticidad en la era de las simulaciones digitales convincentes. En el contexto del rock, donde el error humano a menudo se considera parte integral del encanto, la promesa de una perfección inmutable puede percibirse como una desviación del espíritu fundacional del género.
La posición de Bach genera debate en la industria, donde la eficiencia tecnológica compite con la demanda de actuaciones puramente orgánicas. El músico concluye que la industria debería enfocarse en menos filtros y más ejecución musical real, un mensaje que resuena con la base de seguidores del rock clásico.